Podría decir...
"Todo hay que volver a inventarlo...el amor no tiene por qué ser una excepción"
Julio Cortázar
Podría decir que el amor es como el aleteo de las mariposas, el salto de
los saltamontes creando una corona de pulsaciones, haciendo de tus
cabellos un juego de acrobacias. Los mirlos te rodean de un suave canto
natural, olvidas el instante, el tiempo... solo queda el espacio
ocupado.
Pero para mí el amor es como la hojarasca, caída y seca; sucia de volar
por las aceras, de revolcarse en el barro hasta que llega a ti. Se
enreda en tus piernas y se agarra a tus zapatos, te resulta molesto como
una gran losa en tu cuerpo. Te arrastra caprichosa por su camino hasta
que te acostumbras a su peso, te sientes cómodo con ese andar cojeado.
Podría decir que el amor es una orquesta sinfónica compuesta solo para
tu deleite. Las notas se pisan entre ellas, se alborotan, se dejan
llevar en un vaivén de brillantes colores. Se sacuden para ganar
protagonismo. Un aleteo de las páginas manchadas de líneas que se
curvan, seguidas por instrumentos que se mueven solos.
Pero para mí el amor son los gritos, las discusiones encendidas, llenas
de la naturalidad de saberse comprendidos. Las bromas gastadas por el
uso, la irritación de haberlas escuchado miles de veces. Las noches
llenas de risas mientras te tomas la sopa menos sabrosa del mundo, pero
lo disimulas con una sonrisa tensa y recibes un guiño desde el otro lado
por no haber herido el recién adquirido orgullo culinario.
Podría decir que el amor es un jardín de exuberantes amapolas, infinito y
rodeado del follaje de miles de árboles. Los conejitos se lanzan
corriendo al juego de la vida; mientras los capullos se hinchan y
brillan con su futuro incierto. En el que el cielo resplandece dentro de
un color azul claro, mullido en su asiento blanco. La correlación de
las montañas protegen a los atrevidos, capaces de adentrarse en las
casas de madera sobre las que caen las cataratas.
Pero para mí el amor son los juguetes tirados en el suelo, los gritos
por el desorden. Las horas interminables dentro de la burbuja del
tiempo. La lágrimas que mojan la mejilla al caerse, el cemento duro. La
imaginación de la infancia, las pantuflas rotas por jugar con la pelota.
El mono subido encima de un patinete para hacer la carrera de su vida.
¿Quién resolverá el misterio de la desaparición de su cola?
Podría decir que el amor son los días soleados, en los que todo es
cálido. Cuando el sol adormece el cuerpo y todo arde. Los pies apoyados
en el respaldo del sofá y la sangre cayendo en la cabeza, las uñas
pintadas de un arcoíris reflejado por la luz que atraviesa la ventana.
Pero para mí el amor son los días de lluvia, cuando aparece entrecortada
su figura con el paraguas, que chorrea agua dulce. Su estilo salpicado
de gotitas y las mejillas llenas de diminutas pecas. Una mirada directa
al banco para contarme el siguiente capítulo de sus descubrimientos,
pero parando en los momentos justos para dejar con la duda. A veces, el
amor es dejarse llevar por esas discusiones con las que después vuelves
de puntillas.
Para mí el amor es como la hojarasca, los gritos, las bromas, la comida
discutible, los juguetes tirados, las caídas, las cajas hechas casas,
las muñecas con el pelo espantado, la lluvia sobre el paraguas, las
manchas de barro, el chocolate derramado, los planes imperfectos, los
moños rápidos...para mí el amor es saber que a mi alrededor hay amor.
Y aunque la canción no se ajuste al texto y viceversa, aquí les dejo esta bella muestra de Milanés.
Autora:
Salma Chaibi



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